1/6/16

Es tu culpa

Por: Pablo Scatizza
Vos originás este drama. Lo venís originando desde hace miles de años, y lo seguís haciendo. Tu supuesta hombría no repara en las consecuencias que provoca, y lo naturalizás de tal manera que jamás te harías cargo del delito que estás apañando. No te llamo delincuente porque técnicamente no lo sos. Pero sí sos el culpable de que este delito exista. Vos lo provocás al suponer tan naturalmente que no obligás a hacer nada malo a nadie si pagás por lo que querés. Como quién compra un caramelo en un kiosco, vos pagás por una mujer que te la chupe. Vos querés coger, y vas y le pagás a un mina. Ni siquiera a una mina; le pagás a una puta, que para vos es mucho menos que una mujer. Total, qué tiene de malo, ¿no? Eso pensás, y eso piensa gran parte de la sociedad formateada con el discurso misógino y machista que supone a la mujer como un objeto susceptible de ser comprado, vendido o alquilado. Que está convencida que a ciertas mujeres les encanta que tipos bien machos como vos, por ciento cincuenta pesos, las maltraten, las manoseen y pasen su sucia lengua por todos lados, y luego (si se les para) les rompan el culo durante media hora. Esa gran parte de la sociedad que se pregunta con cara de desaprobación por qué estas chicas no se buscan un trabajo normal, para luego responderse con cara de obviedad que evidentemente les es más cómodo y redituable chupar una pija apestosa antes que trabajar de empleadas domésticas. Eso pensás y eso piensan lo que piensan como vos. Sin reparar siquiera que por tu culpa, por tipos como vos, dos millones y medio de mujeres (pobres) al año son reclutadas por redes de prostitución, generando anualmente unos 7 mil millones de dólares de ganancia. Ganancia para los explotadores de la prostitución ajena, por supuesto. No para todas esas mujeres que son obligadas a alejarse de sus familias, de sus hijos e hijas, quienes sobreviven a su pobreza con las míseras monedas que aquellas les envían y que obtienen por ser violadas-bajo-consentimiento. Ya te imagino con tu postura de autosuficiencia diciéndome que ellas trabajan de putas porque así ganan más que con otros trabajos, que la mayoría de ellas no se considera violada y que tienen total libertad para moverse e irse de esos cabarets y whiskerías de mala muerte cuando así lo deseen. Ya te imagino, diciéndome que vos también estas en contra de la prostitución de menores y de que se someta a las mujeres, y que vos sólo te cogés a las mujeres que eligen trabajar de putas, y que al hacerlo no las estás obligando a nada. Y te imagino así, subrayando la palabra “eligen”. ¿Pero no te das cuenta, imbécil, que es tu deseo prepotente el que genera todo esto? ¿No te das cuenta que si no existieran tipos como vos no habría red de trata que subsistiera? ¿O de dónde te crees que salen esos 7 mil millones de dólares que anualmente se generan por este flagelo? Deberías saber, macho cabrío, que las mujeres que son cooptadas por estas redes están en una situación de total vulnerabilidad, que son pobres, que en su mayoría provienen de países pobres y que la pobreza es su condición estructural. Que hasta ellas mismas muchas veces naturalizan su explotación, porque la viven desde que nacieron, porque las vivieron su madre y sus hermanas, y sus amigas pobres que tuvieron que prostituirse para poder sobrevivir. Porque sí, porque la pobreza estructural generada por el capitalismo genera también la posibilidad de sobrevivir gracias a la existencia de machos como vos; gracias a la existencia de toda una sociedad que avala la explotación sexual como un trabajo legítimo. La prostitución no es un delito y cada persona puede hacer con su cuerpo y con su vida lo que le plazca. Es cierto. Y si a una mujer “decide” prostituirse en su propia casa y cobrar por el alquiler de su cuerpo lo que ella desea, en última instancia es su problema. Aunque podríamos rastrear también qué tanto de “decisión” hay, y si no elegiría otro trabajo si tuviera la oportunidad. Incluso si lo hace por poder o por lograr determinados objetivos. Lo que sí es un delito, y del cual vos machito te transformás en cómplice, es la explotación de la prostitución ajena, es la trata de mujeres, es el tráfico de personas. Es la cooptación de mujeres en situación de extrema vulnerabilidad, generalmente con ofertas engañosas de empleos domésticos o comerciales publicadas en el diario, y por los cuales se les ofrece ganancias cuantiosas y alojamiento, para luego tenerlas hacinadas en cuartos de dos por dos y cuyo único capital es la valija en la que tienen su ropa y un puñado de cartas y dibujos hecho por el hijo o la hija que quedó al cuidado de sus padres en su país de origen. Explotadores que luego se quedan con la mitad del “pase” que vos pagás para cogértelas, con el convencimiento que tenés la libertad para hacer lo que quieras con tu pene erecto siempre y cuando no sea por la fuerza, aunque si tu cerebro estuviera en tu cabeza y no en tu falo comprenderías que si vos no pagaras, la explotación de la prostitución ajena y la trata de mujeres con fines de explotación sexual no existiría. Pero, lamentablemente, ahí está el problema. Tenés hueca la cabeza y tu cerebro descansa en la punta de tu pija. Y por eso, vos tenés la culpa. Fuente click en el enlace: