10/5/16

COMUNICADO MALEZA: REPUDIO A LAS AGRESIONES REGLAMENTARISTAS

Repudiamos la violencia con la que se están refiriendo a las mujeres y travestis en situación de prostitución y sobrevivientes que redactaron una carta a la comisión organizadora del próximo Encuentro Nacional de Mujeres, con motivo de su posicionamiento ante el pedido de apertura de un taller sobre “trabajo sexual”, solicitado por mujeres referenciadas en AMMAR, la CTA y la Red TraSex. Las acusaron de “fascistas” en las redes sociales, a ellas en particular por haber escrito una carta con el posicionamiento y al abolicionismo en general, quedando clara la acusación de “las abolicionistas son fascistas”. Repudiamos las falacias que una y otra vez se construyen en las discusiones, y en esta instancia no consideramos ingenuamente que sean meras formas de ver las cosas. Hay discursos amparados por instituciones nacionales e internacionales con intereses económicos detrás: la prostitución es un lindo, hermoso, perfecto negocio; levanta la economía de los países, hay informes de la OIT que así lo afirman y alientan a los países a regularla como trabajo. La prostitución es una institución tan moralista como el matrimonio, de hecho lo sostiene. Sostiene la hipocresía de maridos, padres de familia y curas cobardes, que juran amor monogámico “para toda la vida” y pretenden que sus esposas sean madres fieles y puras. La prostitución sostiene esa caca y mucho más pero el punto aquí no es determinar cuán moralistas son las reglamentaristas ni cuan hipócrita resulta su acusación ni cuántas lo eligen y cuantas no, ni si son víctimas o superheroínas… En este país, la prostitución es legal, sucede que en la cadena capitalista de corrupción política e incongruencias interesadas, esta legalidad convive con prácticas persecutorias y coimeras. El abolicionismo no es prohibicionismo, no es el que te encierra en el calabozo, sino el que te da las herramientas para salir libre. Porque abolicionismo no es prohibicionismo, debemos exigirle a un estado abolicionista como el nuestro que defienda los derechos humanos de todas las mujeres y travestis. Les resulta complejo entender la “constante asociación entre trata y trabajo sexual” que realizamos, sostienen que es demasiado forzada e inexplicable, se preguntarán ¿qué tiene que ver que las chicas en cautiverio sean explotadas sexualmente?. No, si no tiene nada que ver! Son cosas muy distintas; tan distintas que podemos preguntarle a los señores clientes, ellos saben perfectamente distinguir a una chica tratada de una trabajadora sexual a la hora de solicitar un pete. ¡Por favor, qué ganas las nuestras de mezclar las cosas! Nos preguntan ¿qué nos da miedo? Nos da miedo que la red de proxenetismo pueda crecer, que la reglamentación del trabajo sexual sea la pantalla perfecta para que estas redes se expandan bajo un maquillaje de legalidad, como ya sucede de hecho en los países regulacionistas. Todo esto impulsado desde el mismo feminismo ¿?? Loco. También nos da miedo Mauricio Macri, el relativismo extremo y muchas otras cosas que no vienen al caso. Volviendo al punto, en relación a la ley anti trata, la sospecha de ser víctima no debería ser un problema, en todo caso la sospecha de ser victimaria! ¿No?¿Por qué les preocupa tanto? Eso nos preguntamos nosotras. Claro que la yuta es violenta y hay que luchar contra los allanamientos violentos y las coimas y la criminalización ¿pero por qué no luchamos por cambiar los modos? ¿O acaso no queremos que haya ninguna política de desmantelamiento de las redes? Desde Maleza entendemos que las mujeres que se autodenominan como trabajadoras sexuales están en su legítimo derecho de hacerlo, pero no vamos a tolerar que nos digan fascistas a las abolicionistas. Menos aun cuando se la pasan negando las voces de las que no están de acuerdo con ellas, cuando miran para otro lado cuando en el mismo espacio de taller, a unos metros nomás, hay una mujer igual a ellas pero con los ojos llenos de angustia que entiende a la prostitución como violencia. Está bueno contarles a ellas que en un trabajo usar la cabeza es lo mismo que usar el orto. Totalitarismo es buscar regular como trabajo una práctica de subsistencia que muchas de las travestis y mujeres en prostitución NO ELIGEN y que expresan públicamente que se verían muy perjudicadas si esto sucediera. “- hola, necesito trabajar - sí buenísimo, podes prostituirte porque es un trabajo legítimo, - ah, pero no me quiero prostituir, - claro, pero es un trabajo y no tengo otro ¿sabés linda?” No hay consenso compañeras. Si quieren abrir un taller paralelo porque no se bancan los procesos de debate en la búsqueda de acuerdos, que es lo que le da legitimidad a las luchas, estamos en problemas. De cualquier forma, aunque empobrezca el debate y haga imposible una lucha común es desde ya atendible, pero lo atendible no lo vuelve legítimo mientras quieran imponer una legalidad sin acuerdo que regularía para todas no sólo para ellas. La carta que repudia el surgimiento del taller, REITERAMOS, está escrita por mujeres y travestis que están o estuvieron en situación de prostitución. Es su voz, es su respuesta, evidencia los grados de invisibilización para voces que son sistemáticamente desconocidas en las mismas discusiones. Si ahora les parece fascistas, guou, se fueron al re pasto. Es triste que les/nos digan fascistas y creemos que es un paso atrás para la liberación de las opresiones, y que el proxenetismo brinda mientras nosotras nos seguimos peleando. Como feministas, nuestra tarea es exigir un abolicionismo real y no careta como el que hay, que se ocupe de derogar los códigos contravencionales que quedan y que criminalizan a mujeres y travestis en situación de prostitución tanto como a las trabajadoras sexuales, para armar cooperativas de trabajo para las que quieran no prostituirse más, para defender los derechos de las que sí quieran seguir prostituyéndose, para armar redes de defensa en los barrios populares donde se están llevando pibas para prostituirlas, para extender las experiencias de educación, formación para mujeres y travestis que no quieren prostituirse más y otras tantas cosas más. NO VAMOS A TOLERAR QUE LES DIGAN FASCISTAS A LAS MUJERES Y TRAVESTIS PROSTITUIDAS QUE NO PIENSAN COMO USTEDES. Acompañamos totalmente las voces de quienes escriben la carta y nos parece fundamental preguntarnos por los límites éticos de nuestras acciones y creaciones políticas. Un taller que puede derivar en la regulación que no goza de consenso entre el colectivo de mujeres que se verían afectadas directamente (ni hablar de todas) y que además puede facilitar el fortalecimiento de las redes de trata en nuestro país como pasa en otros donde está regulado, nos preocupa mucho y llama a pensar con responsabilidad, por más atractivos que puedan sonar los discursos. Pensar y sentir en profundidad. Salud!

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